Mujeres rurales … Sostenedoras de vida, trabajan juntas por sus familias y su comunidad

Las comunidades rurales se han visto gravemente afectadas por la crisis en Venezuela. En el campo se encuentran elevados niveles de pobreza, inseguridad alimentaria y desnutrición.

Tanto en los hogares como en los mercados locales hay una gran escasez de alimentos. Los pocos productos que llegan son costosos, inaccesibles para la mayoría de las familias. Como en otras partes del mundo, esta pobreza del campo tiene, principalmente, rostro de mujer. Son muchas las familias con mujeres a la cabeza que no pueden cubrir las necesidades básicas de sus hogares.

Las mujeres, por otro lado, siempre están dispuestas a luchar por sus familias y sus hijos. A veces sólo hace falta un pequeño apoyo para que una enorme fuerza, creatividad y solidaridad salga de ellas y empiece a cambiar las cosas.

Con el proyecto de Mujer Rural estamos apoyando a más de 160 mujeres y sus familias en aldeas rurales del Estado Mérida. Mujeres que se han volcado a la siembra y cría de animales con dedicación y alegría, aprendiendo, compartiendo y formando redes solidarias de mujeres rurales. Mujeres del campo, sostenedoras de la vida, que, en medio de las dificultades, llevan alimento a sus familias y su comunidad y ayudan a preservar el medio ambiente.

“Me siento agradecida con este proyecto que nos ha puesto muy pilas a todas las mujeres de esta comunidad. Siento que esto nos ha cambiado la vida. Estamos más activas y alegres”

“Con mi huerto tengo asegurada parte de la alimentación de la familia; también he vendido galletas de cambur y con eso me ayudo”

“Este proyecto nos ha hecho sentir vivas de nuevo, estábamos como en un letargo… ¡nos ha animado tanto! Ahora estamos apoyándonos unas a otras, compartiendo, trabajando juntas …estamos muy agradecidas por el apoyo, porque nos hayan tomado en cuenta, porque nos hayan escuchado… ¡gracias!»

La producción de alimentos a nivel familiar y comunitario, además de brindar alimento a las familias participantes y generar algo de ingreso adicional, beneficia también a comedores escolares y programas comunitarios de alimentación, apoyando a más de 600 personas en las zonas donde se desarrolla el proyecto.

“Yo me siento muy feliz. Mis hijos me dicen que no quiero salir del huerto, pero es que me gusta cuidar las matas y también los enseño a ellos, porque uno es pobre y sabe que ellos deben aprender. Criando pollos hemos comido pollitos en casa, y también vendí unos y les voy a comprar los útiles escolares a mis hijos”